Clase 2- Cuentos
Al abrigo
Un comerciante de muebles que acababa de
comprar un sillón de segunda mano descubrió una vez que en un hueco del
respaldo una de sus antiguas propietarias había ocultado su diario íntimo. Por
alguna razón --muerte, olvido, fuga precipitada, embargo[1]-- el diario había
quedado ahí, y el comerciante, experto en construcción de muebles, lo había
encontrado por casualidad al palpar el respaldo para probar su solidez. Ese día
se quedó hasta tarde en el negocio abarrotado de camas, sillas, mesas y roperos,
leyendo en la trastienda el diario íntimo a la luz de la lámpara, inclinado
sobre el escritorio. El diario revelaba, día a día, los problemas sentimentales
de su autora y el mueblero, que era un hombre inteligente y discreto,
comprendió enseguida que la mujer había vivido disimulando su verdadera
personalidad y que por un azar inconcebible, él la conocía mucho mejor que las
personas que habían vivido junto a ella y que aparecían mencionadas en el
diario.
El mueblero se quedó pensativo. Durante
un buen rato, la idea de que alguien pudiese tener en su casa, al abrigo del
mundo, algo escondido --un diario, o lo que fuese--, le parecía extraña, casi
imposible, hasta que unos minutos después, en el momento en que se levantaba y
empezaba a poner en orden su escritorio antes de irse para su casa, se percató[2],
no sin estupor, de que él mismo tenía, en alguna parte, cosas ocultas de las
que el mundo ignoraba la existencia. En su casa, por ejemplo, en el altillo, en
una caja de lata disimulada entre revistas viejas y trastos inútiles, el
mueblero tenía guardado un rollo de billetes, que iba engrosando de tanto en
tanto, y cuya existencia hasta su mujer y sus hijos desconocían; el mueblero no
podía decir de un modo preciso con qué objeto guardaba esos billetes, pero poco
a poco lo fue ganando la desagradable certidumbre de que su vida entera se
definía no por sus actividades cotidianas ejercidas a la luz del día, sino por
ese rollo de billetes que se carcomía[3]
en el desván. Y que de todos los actos, el fundamental era, sin duda, el de
agregar de vez en cuando un billete al rollo carcomido.
Mientras encendía el letrero luminoso
que llenaba de una luz violeta el aire negro por encima de la vereda, el
mueblero fue asaltado por otro recuerdo: buscando un sacapuntas en la pieza de
su hijo mayor, había encontrado por casualidad una serie de fotografías
pornográficas que su hijo escondía en el cajón de la cómoda. El mueblero las
había vuelto a dejar rápidamente en su lugar, menos por pudor que por el temor
de que su hijo pensase que él tenía la costumbre de hurgar en sus cosas.
Durante la cena, el mueblero se puso a
observar a su mujer: por primera vez después de treinta años le venía a la
cabeza la idea de que también ella debía guardar algo oculto, algo tan propio y
tan profundamente hundido que, aunque ella misma lo quisiese, ni siquiera la
tortura podría hacérselo confesar. El mueblero sintió una especie de vértigo.
No era el miedo banal a ser traicionado o estafado lo que le hacía dar vueltas
en la cabeza como un vino que sube, sino la certidumbre de que, justo cuando
estaba en el umbral de la vejez, iba tal vez a verse obligado a modificar las
nociones más elementales que constituían su vida. O lo que él había llamado su
vida: porque su vida, su verdadera vida, según su nueva intuición, transcurría
en alguna parte, en lo negro, al abrigo de los acontecimientos, y parecía más
inalcanzable que el arrabal [4]del
universo.
Juan José Saer
-Actividad-
Lean
el cuento “ Al Abrigo” Y luego:
-Marquen
en el grupo lo párrafos que contiene el cuento “Al Abrigo”
-¿Cuántos párrafos tiene el cuento?
-¿Por
qué creen que el autor necesita poner
párrafos en el cuento?
-¿Cuál
es el tema de cada uno de los párrafos?
Actividad-
-¿Cómo describe el autor al Mueblero?
-¿En
qué lugares trascurren las acciones del cuento?
-¿Qué consecuencia le trajo al
Comerciante haber leído el diario?
-¿Qué es lo que se da cuenta
el Mueblero cuando ve a su mujer, en la cena?
-¿Qué relación hay entre el haber leído el
cuento y sus pensamientos en la cena?
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